Aprende a gestionar tus pensamientos y preocupaciones.
Te despiertas y ahí están. Todos los pensamientos y preocupaciones que te acompañan cada día. Quieres deshacerte de ellos, dejar de pensar, pero no lo consigues. Te frustras más. Quisieras que todo lo que tienes en la cabeza simplemente dejara de estar. Que dejara de molestarte de una vez.
Dejar de pensar no es posible. Nuestro cerebro está activo día y noche produciendo pensamientos, sentimientos, emociones, sensaciones,...De hecho, es importante que todo eso esté contigo. Pero sí podemos aprender a gestionar esos pensamientos y preocupaciones.
Porque es posible reeducar a nuestro cerebro y sus mecanismos habituales. Claro…esto no es nada fácil. Si nuestro cerebro ha funcionado de la misma forma durante meses o años, se va a resistir a ese cambio. No hay formulas mágicas en esto: constancia, práctica y esfuerzo. Quizás no notes nada diferente las primeras veces…Espera un poco y no abandones. El cerebro es un órgano flexible y se adaptará si lo expones a esa práctica a menudo.
¿Qué puedo hacer para que los pensamientos, preocupaciones y rumiaciones no me molesten todo el día?
· Entender que los pensamientos son solo eso, pensamientos. Cuando aparece un pensamiento o preocupación en nuestra cabeza interpretamos – de forma automática, inconsciente y rápida – que eso es la realidad. Asumimos esa idea como una verdad absoluta. De esa forma, aumenta nuestra inquietud y malestar respecto al contenido de ese pensamiento o preocupación. Por ejemplo, si piensas que algo no va a salir bien, sentirás angustia y mucho malestar porque ese pensamiento - “no va a ir bien” - se percibe como parte de la realidad. Como si fuésemos adivinos en todo. Y en realidad no es así. Es un pensamiento, un producto de tu cerebro, sin más.
· Discutir los pensamientos y plantear otros. Los pensamientos que surgen de forma natural y repentina suelen ser negativos y nos hablan de forma dramática y rígida. Está bien plantarles cara, responderles que hay más de una posibilidad. Si tus pensamientos te dicen que “vas a fracasar”, tú puedes discutirlos: “¿Y por qué? Si lo he hecho otras veces…Además, no lo sé, no soy adivino/a. No sé qué pasará, pero estoy haciendo todo lo que está en mis manos. Eres un pensamiento, lo que dices no tiene por qué ocurrir tal y como tú crees. También podría ser que…”. No importa cómo lo hagas, lo importante es que ese pensamiento tan rígido poco a poco sea más flexible y admita otras realidades posibles.
· Utilizar la visualización y la imaginación. ¿Lo vemos con un ejemplo? Te acuestas en la cama para dormir y aparecen todos esos pensamientos que has estado evitando durante el día. No dejan de aparecer, unos detrás de otros, muy rápido. Cierra los ojos e imagina todos esos pensamientos dentro de una nube que está en tu cabeza. Poco a poco, la nube se va llenando de pensamientos. Una vez dentro ya no pueden salir. Ahora imagina que esta nube empieza a moverse, despacio, hacia el exterior. Sale de tu cabeza. La tienes delante de ti. Se sigue moviendo, alejándose. Cada vez más lejos. Se hace pequeñita y se aleja. Hasta que dejas de percibirla.
· Practicar la respiración lenta y cambiar el foco de atención. Los pensamientos están ahí y nos molestan cuando les prestamos atención. ¿Y si cambiamos eso? Cambiar el foco de atención no significa necesariamente dejar de hacer lo que estás haciendo y ponerte con otra actividad. Podemos utilizar nuestra concentración para focalizarnos en nuestra respiración, por ejemplo, sin tener que cambiar de tarea o de actividad. Para que esta estrategia funcione hay que practicarla. Cada día mejor. Y varias veces al día estaría muy bien.
Cerrar los ojos. Coger aire por la nariz, llevándolo a la zona más profunda de los pulmones. Puedes poner una mano sobre tu estómago y otra sobre tu pecho para guiarte. Si lo haces bien, tu estómago/barriga se hinchará primero. Inspira despacio, puedes contar hasta 6 por ejemplo. Después mantén el aire dentro (un par de segundos) y luego empieza a expulsarlo por la boca. Muy despacio. Imagina que tienes una vela delante y que se mueve pero no quieres apagarla. Después de repetir varias veces la respiración puedes focalizar tu atención en las sensaciones que vas sintiendo: cómo entra el aire por tu nariz y llega los pulmones, la sensación de relajación del cuerpo,…
Con la práctica, la respuesta de relajación de nuestro cuerpo aparece antes y es más efectiva.
· Utilizar el diálogo interno a tu favor. Implicar repetirnos frases y mensajes que puedan calmarnos y aliviar el malestar de nuestros pensamientos y preocupaciones. Es importante que esos mensajes no sean “ultra mega positivos” porque entonces hay tanta diferencia entre lo que pensamos y nos decimos que no tendrá efecto. Mejor utilizar mensajes neutros, que nos aporten cierta seguridad y control. Por ejemplo: “No sé qué pasará pero estoy haciendo todo lo que está en mi nano”, “pase lo que pase, lo afrontaré como mejor sepa y pueda”, “pensar esto tantas veces únicamente hace que me sienta peor”, “es posible que todo lo que pienso ni siquiera suceda”, etc.
Recuerda que puedo ayudarte a gestionar esos pensamientos que a veces tanto nos molestan a través de los servicios de Psicología Online o de Psicología a domicilio.
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