El miedo a la confrontación tiene que ver con temer un enfrentamiento, conflicto o discusión con personas de nuestro entorno y puede surgir en muchos momentos. Por ejemplo, cuando intentamos poner límites y expresarlos. También cuando queremos comentar algo que puede no gustar (opinión, decisión, gustos propios,…) o tenemos una conversación incómoda (desacuerdos, malentendidos, decepción,…).

Aunque nos resulte muy molesto, el miedo a la confrontación forma parte de nuestras relaciones porque…
- Las personas tendemos a evitar cualquier experiencia desagradable o incómoda.
- Somos capaces de evaluar las posibles consecuencias y no queremos vivirlas.
- Vivimos experiencias en nuestras relaciones que pueden reforzar nuestros miedos (relaciones que se rompen, discusiones, rechazo, etc.).
- Hemos podido aprender formas de comunicación poco asertivas y nos vemos con pocas herramientas para gestionar nuestras relaciones.
Todo esto nos lleva muchas veces a evitar o intentar procrastinar cualquier posible enfrentamiento o conflicto.
Pero…¿Qué pasa si retrasamos conversaciones incómodas por evitar el conflicto?
Podríamos decir que el propio miedo a la confrontación no se irá. Y que las situaciones conflictivas o conversaciones incómodas que intentamos retrasar tampoco.
Al final, es muy probable que en el futuro tengamos que afrontar situaciones más complicadas que las que estamos evitando (porque la bola de nieve se va haciendo grande).
Es cierto que cuando hablamos de confrontación, muchas veces nos imaginamos el peor de los escenarios: discusión de las grandes, hablarnos mal, o dejarnos de hablar, que la relación se rompa…
La realidad es que expresarnos y comunicarnos no tienen por qué llevarnos a ese resultado. Desde luego, esa escena que imaginamos ocurre pocas veces. Diría que es importante empezar por ahí: A pesar de ser un momento incómodo, puede ser necesario y no tendrá, en principio, consecuencias graves.
Vamos a revisar algunos puntos importantes para gestionar el miedo a la confrontación :
- No lo retrases ni lo evites. Si tienes claro más o menos qué quieres expresar y ves que “dándole mil vueltas” no cambia tu perspectiva, ya ha llegado el momento de hacerlo.
- ¿Cómo hacerlo? A ser posible, utiliza una comunicación asertiva. No es lo mismo decir “ya te vale, podrías haberme llamado…” que decir “oye, quería comentarte que me molestó que ayer no me llamases para…”. Cuando sentimos rabia, enfado, decepción o rencor puede ser complicado. A pesar de ello, podemos guiar lo que sentimos y regularnos.
- ¿Cómo puedo expresar lo que quiero decir? Seguir la regla situación-emoción-propuesta te puede ayudar. En primer lugar, describimos la situación o problema. Después, expresamos cómo nos hemos sentido (“me he sentido”, “yo necesito”, “en ese momento yo”,…). Por último, podemos proponer (sin exigir ni forzar) el cambio que necesitamos de la otra parte: “me gustaría”, “estaría bien”, “para mí sería mejor”, “la próxima vez que ocurra algo así podríamos…”,…
- ¿Y qué pasa con la reacción de la otra persona? Su respuesta no depende totalmente de ti y de cómo tú te expreses. Es importante ser conscientes de que su reacción tiene que ver, en gran medida, con esa persona y no contigo (sus aprendizajes, su forma de comunicar, su nivel de empatía y comprensión, su flexibilidad/rigidez,…).
- No confrontar puede ser un problema. Si evitamos cualquier tipo de confrontación “para que la relación vaya bien”, en realidad, ya no está yendo bien. Las relaciones avanzan con los conflictos. Con el tiempo, si los comportamientos de la otra parte siguen sin encajarte, puede que sea necesario revisar vuestra relación y ver si coincide con el tipo de relaciones que quieres construir.
Espero que el tema de hoy haya sido interesante para ti. Puedes encontrar más información y aprender sobre otros temas de psicología en mi perfil de instagram. Para conocer otros servicios y cursos puedes revisar el apartado de Cursos online.