El abordaje de la depresión: La primera sesión de terapia de Carmen.

¿Recordáis el caso de Carmen?

Carmen, de 37 años, casada y con dos hijas, sufre depresión. Se siente decaída todo el tiempo, sin ganas de vivir. No tiene ilusión por nada ni fuerzas para llevar el día a día como antes. Se siente inútil, vacía, una carga para su familia.

Carmen acude a la primera sesión con una psicóloga que le han recomendado. No tiene esperanzas porque cree que nadie la puede ayudar. Recuerda su vida de antes y siente que lo ha perdido todo.
Nadie puede hacer que todo eso  vuelva, mi vida no es la misma, yo no soy la misma, piensa Carmen.

En esa primera sesión, Carmen le explica a la psicóloga su situación. Sacando a la luz todo lo que siente que ha perdido, Carmen rompe a llorar. Entre sollozos, expresa los sentimientos más dolorosos, los que no se ha permitido compartir con nadie. La psicóloga respeta su espacio, su llanto, sus silencios, sus sentimientos. La acompaña emocionalmente, la acoge y la comprende.
Ya lo he sacado todo, le comenta al final de la sesión a su psicóloga.

Ella intenta transmitirle esperanza. Puedes sentirte mejor, trabajaremos para que así sea, le explica.

Carmen se siente bien después de la primera sesión. ¿Me podrá ayudar de verdad?, se pregunta. No lo sabe, todavía desconfía, pero se ha sentido bien con ella y eso le da las fuerzas necesarias para seguir con las sesiones.

En la segunda sesión, la psicóloga continuará valorando la situación de Carmen y le explicará, según su punto de vista profesional, qué le ocurre y cómo trabajarlo.

Pero antes…la psicóloga, en su casa, revisa todo lo que ha compartido Carmen en esa primera sesión y plantea su intervención.

¿Cómo creéis que es el tratamiento psicológico de la depresión?

Como comentábamos en el último post, cuando escuchamos la palabra “depresión” enseguida nos viene a la cabeza la emoción de tristeza. No obstante, la apatía (disminución del placer o interés en cualquier actividad) y los sentimientos de inutilidad o culpa suelen ser mucho más intensos y discapacitantes. Esto puede variar en función de cada persona y sus circunstancias. En cualquier caso, el abordaje de la depresión tiene en cuenta:

· Componente cognitivo. Los pensamientos, las creencias y las interpretaciones de nuestro cerebro, nuestro lenguaje interior. “No sirvo para nada”, por ejemplo, sería un pensamiento que trabajaríamos en terapia. ¿Cómo? Transformando los extremos, flexibilizando nuestra forma de pensar, discutiendo nuestros pensamientos,…para disminuir el malestar que generan.

· Componente emocional. Los sentimientos y las emociones son fundamentales. Cómo nos sentimos, qué significado le damos, cómo lo afrontamos, cómo lo gestionamos y qué hacemos con aquello que sentimos son aspectos que se trabajan habitualmente en terapia. En este punto se abordaría la tristeza o la culpa presentes en la depresión.

· Componente conductual. Las actividades que hacemos por placer, el tiempo libre, las tareas y responsabilidades cotidianas, las obligaciones, los propósitos y metas vitales, etc. Incorporando cambios en todo esto podemos conseguir una mejoría importante. También se trabajaría la relación entre nuestros comportamientos/actividades y nuestros pensamientos/emociones. En el caso de Carmen se incluirían, por ejemplo, actividades gratificantes y tareas cotidianas de forma gradual (con pequeñas metas y objetivos ordenados según su dificultad) para aumentar su nivel de activación.  Precisamente la activación conductual es un componente importante y eficaz en el abordaje de la depresión.

Los pensamientos, las emociones y las conductas de cada persona son totalmente diferentes. Por ello, la intervención psicológica se centra siempre en las dificultades y problemas de cada persona, con técnicas y ejercicios específicos en cada caso.

Si sientes que necesitas ayuda para salir adelante es importante que la busques y la pidas. Es difícil, lo sé. Pero como le dijo la psicóloga a Carmen, podemos trabajar para que te sientas mejor.

 

 

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