¿Qué es la ansiedad interoceptiva? Cuando las propias sensaciones y cambios corporales generan la respuesta de miedo y ansiedad.

Todos conocemos sobre la ansiedad y el miedo que podemos desarrollar ante situaciones o estímulos externos: Reuniones sociales, hablar en público, espacios cerrados, animales, etc.

En todos esos casos, la presencia del estímulo externo temido genera la respuesta de ansiedad. Así, cada persona puede manifestar sintomatología diferente aunque el mecanismo subyacente es común. Por ejemplo, una persona puede responder con taquicardia, temblores y sudoración mientras que otra puede experimentar síntomas digestivos (dolor de estómago, diarrea,…).

Pero…¿Qué pasa cuando el estímulo aversivo es interno?

Las personas también podemos desarrollar ansiedad y miedo ante las propias sensaciones físicas y cambios corporales. La sintomatología física y sensaciones corporales (mareo, aumento de pulsaciones, malestar en el estómago, sensación de calor, presión en el pecho, sensación de ahogo, etc.) son ese estímulo tan desagradable y temido. Como resultado, la respuesta de ansiedad aumenta cuando está experimentando esas sensaciones corporales que teme.

Nos encontramos que pequeños cambios en nuestro cuerpo y su funcionamiento (sensaciones corporales) se interpretan como una amenaza (“no quiero sentir esto”, “qué agobio”, “¿qué me pasa ahora?”, “no quiero que se den cuenta”), generando la respuesta de miedo y ansiedad. Esto hace que nuestro cuerpo reaccione con mayor intensidad y aparezcan de nuevo sensaciones corporales desagradables.

Se crea un círculo vicioso que no sabemos cómo parar.

Para abordar el miedo a la sensaciones corporales es importante…

  • Exponernos a las sensaciones y cambios en nuestro cuerpo. Tenemos que trabajar nuestra tolerancia a dichas sensaciones y síntomas físicos a través de la exposición gradual.
  • En esos momentos de exposición, necesitaremos tolerar la incomodidad y el malestar.
  • Revisar la interpretación y el significado que damos a esos cambios y sensaciones.
  • Tener conocimientos sobre la respuesta de ansiedad: es intensa, temporal y no peligrosa.
  • Explorar nuestra anticipación (“me volverá a pasar”, “y si…”): anticipar nuestra ansiedad ya nos está generando ansiedad.

Todo ello se debería realizar en terapia, de forma progresiva y controlada, con unos objetivos ajustados a cada persona y sus circunstancias.

Con la llegada del coronavirus hemos estado mucho más expuestos a noticias e información relacionada con nuestro cuerpo, síntomas, complicaciones médicas, etc. Por ello, podemos estar sensibilizados ante cualquier cambio en nuestro organismo y experimentar miedo y/o ansiedad en algún momento. Esto podría ser una respuesta natural y lógica dadas las circunstancias. Sin embargo, no podemos ignorarla y sería recomendable revisar qué está ocurriendo.

Si te interesa saber más sobre ansiedad, puedes revisar estas otras entradas del blog: Evitación experiencial, Ayudar a una persona con ansiedad, Convivir con la preocupación.

También tienes disponibles algunos cursos y recursos gratuitos que podrían ayudarte.

¡Hasta pronto!

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